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Antes
de partir, pasearemos en barca por el río Tuo y tentaremos de nuevo la
suerte en alguno de los restaurantes que componen la numerosa oferta de
cocina local.
Pero el paseo se frustra
porque no existe opción "sólo navegación", sin visitas añadidas, y el
tiempo del que disponemos no es suficiente. En alguna guía se habla
de paseos nocturnos y de un precio de treinta yuanes. No es cierto;
no hay paseos nocturnos en barca y el precio de treinta yuanes es sólo
para barcos que no navegan por el tramo del río en cuyas riberas se
asienta la población. La opción que sí navega por ese tramo y, por
tanto, el que ofrece un imponente panorama, está explotado por una única
compañía que no ofrece sólo trayecto, sino acceso a nueve lugares de
interés. A tener en cuenta a la hora de programar la actividad y su
horario.
Comemos en un
interesante restaurante del margen sur, algunos metros más allá de la
tienda de recuerdos de la Revolución Cultural. Se reconoce por un
enorme póster cinematográfico que incluye su nombre (ver fotografía).
Desde las mesas de éste y otros locales similares, el pausado tráfico de
las embarcaciones es una estampa que añade quietud a la atmósfera.
Al acabar, nos
encaminamos a la avenida que cruza el puente cubierto a la búsqueda de un
transporte que nos conduzca a Jishou. Son las 14:45, pero no
llegamos a Jishou hasta las 17:00, porque en Fenghuang la competencia por
los pasajeros es feroz y el microbús tarda en completar su aforo.
El paisaje rural, con
campos de cultivo, montañas y pastores compensa el trayecto de curvas en
dos tercios del recorrido, hasta entrar en la autovía. Después, la
estación de aspecto suburbial de Jishou, la espera y la aglomeración para
acceder al tren 2011. Pero esta vez sí hemos acertado.
Refrigerado por un ventilador giratorio, el compartimiento, abierto, sin
puertas, consta de seis literas de aspecto limpio en las que podremos
dormir cómodamente. Aunque, claro está, el nivel de confort no es el
del tren Z19 que nos condujo de Beijing a Xi'an.
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