A las 04:45 estamos ante
la puerta de salida de la estación de Liuzhou. Puede parecer
increíble, pero la oficina de ventas, que se encuentra en un pasillo a la
izquierda, está abierta, así que aprovecharemos para adquirir los billetes
para el siguiente tramo, Guilin - Guangzhou (Cantón), haciendo uso de todo
tipo de señas y cerciorándonos de que la fecha y el tipo de reserva son
correctas: litera tipo "soft sleeper". Por su precio, quiero suponer
que el confort de este tren, el K38, con salida a las 18:42, llegada a las
06:22 (la recomendación general es verificar los horarios de los trenes en
TravelChinaGuide.com) y un recorrido de
893 kilómetros, es superior al que nos ha dejado aquí.
Nada más aparecer por la
puerta de salida, vendedores de trayectos de autobús vociferan el destino
a Guilin. Si es así, hay que pedirles que esperen a que finalices
los trámites del tren: es muy probable que la partida del autocar coincida
con la llegada del tren 2011, por lo que si el primero se va, quizás haya
que esperar mucho tiempo hasta el próximo.
El autocar tiene su
parada frente a la estación, nada más cruzar la calle. Me adentro
con Arnau en el interior de un restaurante para buscar un lavabo; son
aproximadamente las 05:15 de la madrugada, pero el restaurante está a
rebosar, con más de cuarenta clientes... ¡comiendo fideos!
Dos horas más tarde,
llegamos a Guilin y nos encaminamos al puerto fluvial para tomar un barco
de recreo que nos conducirá a Yangshuo. La guía habla de un puerto
turístico en la ciudad, pero, aparentemente, el nivel del agua ha motivado
que la partida de los cruceros tenga lugar veinte kilómetros al sur.
Es importante perder el mínimo tiempo posible, porque parece que los
cruceros parten con mayor frecuencia entre las 08:00 y las 09:00.
Se trata de
embarcaciones de tamaño mediano, para ochenta personas, con dos plantas y
una terraza superior descubierta que permite disfrutar de las formaciones
kársticas a lo largo de cuarenta kilómetros de navegación por el
serpenteante río Li. Para aquellos que conozcan
El Torcal, les resultará tan sorprendente
como a mí las diferencias entre los respectivos tipos de formaciones, en
ambos casos resultantes de la sedimentación acumulada durante millones de
años en un período en el que el terreno se encontraba bajo agua (estoy
suponiendo que esto es así por lo que se refiere a Yangshuo, pero me
documentaré sobre ello).
Apúntese Yangshuo como
etapa imprescindible de cualquier viaje que se precie a China.
En el almuerzo, un
buffet libre, compartimos mesa con una familia de Hainan, provincia-isla
al sureste del continente. El marido habla inglés; también algunos
otros pasajeros, formando en su conjunto el mayor porcentaje hallado hasta
ahora. Por el precio del paseo y las características de la zona, deduzco
que se trata de un turismo "reservado" a determinados niveles de poder
adquisitivo y social.
El barco amarra en
Yangshuo en torno las 13:00. A la salida del puerto, nos
enfrentamos a esa calle típica con puestos comerciales que todos hemos
visto en multitud de destinos turísticos y que te permiten adquirir
camisetas, bisutería, alhajas y esa ristra de postales que siempre
anhelaste poseer. La necesidad de vender fuerza la actitud de
algunos comerciantes, aunque en ningún caso se ha llegado a la
agresividad. Después, el aspecto de la población sorprende; casi
podrías pensar que te encuentras en un lugar cualquiera de la Costa Brava.
Amplia, muy amplia, es
la oferta de alquiler de bicicletas. Porque... si no has venido a
pedalear por los contornos, entre las formaciones geológicas y los
arrozales, ¿a qué has venido a Yangshuo?
Después del registro en
el hotel y la correspondiente ducha para deshacernos del polvo del camino,
consulto el precio de un masaje en las mismas dependencias del edificio.
Al traspasar la puerta, me recibe un golpe de calor y una simpática
recepcionista que me facilita las tarifas en perfecto inglés -esto es
territorio guiri y la lengua no va a ser un problema, ni en el
hotel, ni en la calle-. Al fondo, en una sala, las masajistas juegan
al dominó, llenando el espacio con el sonido de las fichas al ser
removidas. La recepcionista me muestra las distintas salas y elijo
una con tres camillas. Después, regreso con Montse y Arnau y se
inicia una sesión de masaje de carácter terapéutico, lo que no impide que
mi masajista atienda una llamada en su móvil.
Si el móvil se hubiera
inventado antes de que el fuego fuera descubierto, el hombre nunca hubiera
alcanzado el conocimiento de cómo provocarlo, porque, indudablemente, la
raza humana entera, desde un pastor lapón, hasta un pescador patagón;
desde un petrolero tejano, hasta la campesina que en Fenghuang vive hoy de
vender maíz tostado a los turistas desde su humilde chamizo, todos ellos
consideran que difícilmente pueda existir algún objeto imprescindible...
excepto el teléfono móvil. Y lo de la campesina, no lo digo en
broma.
Decía que mi masajista
no desatiende una llamada que recibe en su teléfono, aunque tampoco
abandona su trabajo. En ese momento, adquiero la certeza de preferir
un masaje más relajante, más al estilo de Occidente. Como no hay que
despreciar los insistentes consejos de otros viajeros, probaremos un
masaje de pies más adelante, a ver si tenemos más suerte.