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07/07/08 De Fenghuang a Yangshuo

 

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A las 04:45 estamos ante la puerta de salida de la estación de Liuzhou.  Puede parecer increíble, pero la oficina de ventas, que se encuentra en un pasillo a la izquierda, está abierta, así que aprovecharemos para adquirir los billetes para el siguiente tramo, Guilin - Guangzhou (Cantón), haciendo uso de todo tipo de señas y cerciorándonos de que la fecha y el tipo de reserva son correctas: litera tipo "soft sleeper".  Por su precio, quiero suponer que el confort de este tren, el K38, con salida a las 18:42, llegada a las 06:22 (la recomendación general es verificar los horarios de los trenes en TravelChinaGuide.com) y un recorrido de 893 kilómetros, es superior al que nos ha dejado aquí.

Nada más aparecer por la puerta de salida, vendedores de trayectos de autobús vociferan el destino a Guilin.  Si es así, hay que pedirles que esperen a que finalices los trámites del tren: es muy probable que la partida del autocar coincida con la llegada del tren 2011, por lo que si el primero se va, quizás haya que esperar mucho tiempo hasta el próximo.

El autocar tiene su parada frente a la estación, nada más cruzar la calle.  Me adentro con Arnau en el interior de un restaurante para buscar un lavabo; son aproximadamente las 05:15 de la madrugada, pero el restaurante está a rebosar, con más de cuarenta clientes... ¡comiendo fideos!

Dos horas más tarde, llegamos a Guilin y nos encaminamos al puerto fluvial para tomar un barco de recreo que nos conducirá a Yangshuo.  La guía habla de un puerto turístico en la ciudad, pero, aparentemente, el nivel del agua ha motivado que la partida de los cruceros tenga lugar veinte kilómetros al sur.  Es importante perder el mínimo tiempo posible, porque parece que los cruceros parten con mayor frecuencia entre las 08:00 y las 09:00.

 

Se trata de embarcaciones de tamaño mediano, para ochenta personas, con dos plantas y una terraza superior descubierta que permite disfrutar de las formaciones kársticas a lo largo de cuarenta kilómetros de navegación por el serpenteante río Li.  Para aquellos que conozcan El Torcal, les resultará tan sorprendente como a mí las diferencias entre los respectivos tipos de formaciones, en ambos casos resultantes de la sedimentación acumulada durante millones de años en un período en el que el terreno se encontraba bajo agua (estoy suponiendo que esto es así por lo que se refiere a Yangshuo, pero me documentaré sobre ello). 

Apúntese Yangshuo como etapa imprescindible de cualquier viaje que se precie a China.

En el almuerzo, un buffet libre, compartimos mesa con una familia de Hainan, provincia-isla al sureste del continente.  El marido habla inglés; también algunos otros pasajeros, formando en su conjunto el mayor porcentaje hallado hasta ahora. Por el precio del paseo y las características de la zona, deduzco que se trata de un turismo "reservado" a determinados niveles de poder adquisitivo y social.

El barco amarra en Yangshuo en torno  las 13:00.  A la salida del puerto, nos enfrentamos a esa calle típica con puestos comerciales que todos hemos visto en multitud de destinos turísticos y que te permiten adquirir camisetas, bisutería, alhajas y esa ristra de postales que siempre anhelaste poseer.  La necesidad de vender fuerza la actitud de algunos comerciantes, aunque en ningún caso se ha llegado a la agresividad.  Después, el aspecto de la población sorprende; casi podrías pensar que te encuentras en un lugar cualquiera de la Costa Brava.

Amplia, muy amplia, es la oferta de alquiler de bicicletas.  Porque... si no has venido a pedalear por los contornos, entre las formaciones geológicas y los arrozales, ¿a qué has venido a Yangshuo?

Después del registro en el hotel y la correspondiente ducha para deshacernos del polvo del camino, consulto el precio de un masaje en las mismas dependencias del edificio.  Al traspasar la puerta, me recibe un golpe de calor y una simpática recepcionista que me facilita las tarifas en perfecto inglés -esto es territorio guiri y la lengua no va a ser un problema, ni en el hotel, ni en la calle-.  Al fondo, en una sala, las masajistas juegan al dominó, llenando el espacio con el sonido de las fichas al ser removidas.  La recepcionista me muestra las distintas salas y elijo una con tres camillas.  Después, regreso con Montse y Arnau y se inicia una sesión de masaje de carácter terapéutico, lo que no impide que mi masajista atienda una llamada en su móvil. 

Si el móvil se hubiera inventado antes de que el fuego fuera descubierto, el hombre nunca hubiera alcanzado el conocimiento de cómo provocarlo, porque, indudablemente, la raza humana entera, desde un pastor lapón, hasta un pescador patagón; desde un petrolero tejano, hasta la campesina que en Fenghuang vive hoy de vender maíz tostado a los turistas desde su humilde chamizo, todos ellos consideran que difícilmente pueda existir algún objeto imprescindible... excepto el teléfono móvil.  Y lo de la campesina, no lo digo en broma.

Decía que mi masajista no desatiende una llamada que recibe en su teléfono, aunque tampoco abandona su trabajo.  En ese momento, adquiero la certeza de preferir un masaje más relajante, más al estilo de Occidente.  Como no hay que despreciar los insistentes consejos de otros viajeros, probaremos un masaje de pies más adelante, a ver si tenemos más suerte.

 

 

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