Los sesenta y cinco
kilómetros de distancia son salvados por servicios de ferry que comunican
estas dos zonas especiales, económicamente hablando, de China (ambas áreas
están definidas como ZEE, Zona Económica Especial, o como RAE, Región
Administrativa Especial).
Desde el puerto de
Macao, la silueta del Sands Casino se dibuja sobre un fondo de nubes.
Hay que recordar que el
juego organizado es el principal negocio de esta antigua colonia
portuguesa.
Como Macao, la silueta
de Hong Kong está dominada por los rascacielos de cincuenta o más plantas
que se aglutinan en la bahía.
Hong Kong respira
dinero, lo mires desde donde lo mires, incluida la obra pública. El
transporte urbano se ejemplifica en la red de metro: eficaz, limpia,
innovadora (ya no se usan billetes, sino tecnología NFC o
Near Field Communication), por lo que es
muy común que los pasajeros sencillamente acerquen su cartera o su bolso a
los postes de acceso.
Central aparenta ser el
distrito financiero; junto a él y al lado mismo del viejo tranvía,
atracción turística que asciende al Victoria Peak, un pico elevado desde
el que los turistas fotografían un millón de veces la silueta de la
ciudad, un inmenso panel informa de que el precio medio de los
apartamentos que se encuentran detrás ronda los dos millones de euros.
Si el ascenso en el
tranvía, prácticamente vertical, y las vistas desde Victoria Peak
impactan, no menos curioso es descender, andando o en autobús, por una de
las carreteras de acceso a la cima. A medio camino, en un punto en
el que esta vía se se sitúa muy cerca de los rascacielos, hay que alzar la
vista y mirar en dirección al último piso de alguno de los edificios, para
después bajar la vista hasta el primero; la sensación es de vértigo.
El mismo autobús -el
número 15- finaliza su recorrido en el puerto, muy cerca de la terminal
del
Star Ferry, el primer medio de transporte
que permitía cruzar la bahía, ahora relegado a atracción turística.
Es de noche, tarde, y ya
han concluido las circuitos que recorren navegando la zona, pero la
panorámica sobre ambos lados del puerto, con la línea en el cielo marcada
por los rascacielos justifica bajar hasta aquí, independientemente del
paseo en el
Star Ferry.
¿Sigue siendo Hong Kong
el lugar ideal para las compras de cacharrería tecnológica? no, sin duda,
pero aún es el paraíso comercial en el que miles de establecimientos dotan
de apariencia de gran centro comercial a un barrio cualquiera; las zonas
de Mongkok y Wan Chai son ejemplos de ello.