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De Shanghai a Qingdao
Habíamos adquirido ya
este trayecto de avión desde Barcelona, a través de Rumbo. El vuelo,
con una hora de duración, parte a las 16:00 horas. A nuestra llegada
a Qindao, el taxi nos conduce al hotel y, prácticamente, la duración
de este segundo recorrido es mayor. La entrada a la ciudad se
produce por el lado este de la costa y nuestro hotel se encuentra en el
lado oeste, en la Playa número 1, muy cerca de la ciudad antigua.
Cuando depositamos las
maletas en la habitación, ya es de noche y la playa -esto lo averiguamos
el día siguiente- está cerrada con los preparativos de la llegada de la
antorcha olímpica. Caminamos un poco, pero, finalmente, paramos un
taxi (algunos de los miembros aún cojean a causa de las agujetas) con la
intención de llegar a la ciudad antigua y al barrio alemán al que la guía
hace referencia. No hemos venido aquí por ese motivo, pero sí hemos
considerado que es un atractivo añadido a esta etapa de descanso en la
playa.
El taxi se detiene en la iglesia católica de San Miguel, centro neurálgico
de una zona en la que, obviamente, no esperamos encontrar decenas de
cervecerías, ni robustas alemanas rubias sirviendo bebida, pero sí un
cierto entorno que... no hemos encontrado ni por asomo.
Me sorprende la ligereza
de la guía de viaje al hacer referencia a las características de esta
ciudad, porque la imagen mental que de su descripción me he formado no se
corresponderá en modo alguno con la realidad. Expresiones como "saborear
el ambiente alemán con una cerveza Tsindao en la mano", "hay que dedicar
un tiempo a observar"... Pero, ¿de qué ciudad hablan? ¿Estamos en la misma
ciudad?
Ha sido una gran
decepción.
Cenamos en un
restaurante (chino) de una de las calles con supuesto sabor alemán que
parte de la iglesia de San Miguel.
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