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Guilin - Guangzhou -
Macao

En la estación de
Hengyang, una mujer ocupa la litera baja
frente a mi. Está acompañada de su hija de cinco años, de un niño
-aún de brazo- y de un móvil. Los cuatro se acomodan en ese reducido
espacio. La mujer reparte su atención entre los dos últimos.
Cuando despierto a las
05:45, la mujer está limpiando su sábana; el niño de brazo viste un
pantalón de ese tipo que vimos por primer vez en Tiananmen, con una
abertura en la parte de atrás, pensado para no llevar ropa interior o
pañales.
A la llegada a Guangzhou,
prefiero certificar que no tendremos ninguna dificultad para solicitar en
Macao o en Hong Kong un nuevo visado que nos permita "volver a entrar" en
China (pero... ¿no era el mismo país?), porque nuestros visados son de una
entrada y, obviamente, ya la hemos gastado.
El CITS - Chinese Turism
Service ha cambiado su ubicación; ahora, está en el 618 de Jiefang Bei Lu.
Desde la estación hay una cierta distancia, por lo que es aconsejable
tomar el metro o un taxi. Este dato lo aporto porque entiendo que
puede interesar a determinados viajeros, pero no es el CITS donde realizar
trámites o consultas relacionadas con la documentación para extranjeros:
hay que acudir a la PBS - Public Security Bureau, en la misma avenida,
tres o cuatro calles más abajo, en la acera derecha. Allí, un agente
me aclara que, efectivamente, el visado no me permite regresar, pero que
no hay problema en tramitar uno nuevo en Macao o Hong Kong (¡ay!).
Subimos
al autobús que conduce a Macao y que parte de la misma avenida, frente al
China Hotel y dentro de un recinto ferial, en estos momentos ocupado por
la industria de piel y calzado.
El autocar nos conduce
por una inverosímil autopista de varios carriles elevada sobre pilares
durante algunas decenas de kilómetros.
A la llegada al puesto
fronterizo, el viaje finaliza y se debe cruzar a pie la frontera, porque
es una frontera, después del minucioso y profesional análisis que de la
documentación realizan los guardas. Una lupa de aumento detecta que
el plástico que protege la fotografía del pasaporte de Montse se encuentra
un poco despegada y eso nos entretiene un poco más. Después, para
asegurar que no es ningún problema el visado, me dirijo al responsable de
aduana, quien me indica que en Macao pueden extender el visado para volver
a entrar e incluso me escribe la dirección de la oficina a la que debo
acudir para ello.
Traspasada la frontera y
con dinero pataco -así se denomina la moneda de Macao- en mis manos,
dinero que he obtenido de uno de los muchos cajeros automáticos
existentes, nos dirigimos a tramitar la obtención del visado. Todo
es correcto, excepto un importante detalle: Macao sólo nos extiende un
visado válido para siete días a partir de la fecha de entrada; como ésta
se producirá desde Hong Kong el 12/07/08, deberíamos abandonar China el
19/07/08, y nuestro plan es salir el 25/07/08. Con la misma
expresión facial con la que anunciaría que el cielo amenaza tormenta o que
estoy condenado a cadena perpetua, el feliz funcionario asiente: "así es,
deberá usted abandonar el país el 19/07/08". Para no extenderlo por
un período superior, aduce que no se tramitan visados de más de siete días
porque es Macao y porque se celebran los Juegos Olímpicos (sí, sí, ambos
motivos). Me pregunta si prefiero consultarlo en Hong Kong, pero
como no me garantiza mayor éxito allí y, además, llegaremos en viernes y
partiremos el sábado, opto porque me extienda los visados e intentar en
otras ciudades una solución a nuestro problema.
El poco tiempo
disponible nos permite, no obstante, visitar el Museo de Macao, uno de los
mejores de Asia, y acercarnos, de ese modo, a algunas de las primeras
muestras de símbolos gráficos chinos, datados hace más de tres mil años.
Algunas maquetas
representan escenas del pasado colonial portugués. También se han
conjuntado, recreando escenas, diversos objetos auténticos para que los
visitantes tengan una idea más precisa del modo de vida en esa época.
Desde el área ajardinada
que rodea el museo, las vistas sobre la ciudad, con sus extremos de casas
con aspecto de abandono, rascacielos y perfiles inauditos de algunos
casinos, como el Gran Lisboa, son expléndidas.
Los restos de la iglesia
de San Pablo, al pie de las escaleras mecánicas que ascienden al museo,
son el inicio de una avenida sinuosa que te acerca a la arquitectura de
esa época. La guía menciona que ocho de sus edificios son patrimonio
de la UNESCO.
Un error de
interpretación del plano nos lleva a vagar por el barrio más viejo; se
trata de edificios actuales en la zona más humilde, entre Largo S. Domingo
y Porto Interior. Allí, localizamos la calle Alegría, escenario de
algunas tomas de Indiana Jones y el Tempo Maldito y antiguo centro
neurálgico de la prostitución. Después, ya en el Porto Interior,
degustamos cocina macaense-portuguesa en un conocido restaurante.
De regreso al hotel,
disfrutamos del legado colonial arquitectónico, en Largo do Senado,
realzado por la iluminación nocturna diseñada para ello.

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