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Huang Shan
Sin embargo, el tiempo y
nuestra forma física no son aspectos que se encuentren, en este momento,
en su punto óptimo, por lo que tomaremos el funicular kilométrico que parte del
Templo del Valle de las Nubes (punto de partida de la ruta del este) y
que, colgando del abismo, nos conducirá a la cima.
Para llegar hasta el Templo
del Valle de las Nubes desde Tangkou, buscamos un taxi; aparece un nativo
hablando un inglés perfecto de vocabulario y de pronunciación que,
mientras conversa, señala su nombre
en mi guía: el Sr. Cheng, Mr. Cheng, es citado en innumerables blogs
y guías, y la verdad es que la descripción de de sus habilidades es positivamente coincidente.
Mr. Cheng le indica al
taxista a dónde queremos ir y nos obsequia con una tarjeta de su
restaurante al tiempo que nos pregunta si puede reservar por nosotros los billetes para Shanghai.
Aún no hemos decidido el medio de transporte
(taxi, autobús...), así que dejamos el tema en punto muerto.
En el Templo del Valle
de las Nubes nos espera la algarabía de los turistas y estudiantes chinos
que, a pie o en funicular, también pretenden alcanzar la cumbre de este
destino considerado clave, no sólo para el turismo; también como lugar de
inspiración para paisajistas.
 
El trayecto en funicular
dura aproximadamente quince minutos y el paisaje es ciertamente hermoso,
visto desde aquí. Al llegar a la cima, sin embargo, la impresión, el impacto,
no es el esperado, acaso porque las condiciones de atmósfera y luz
determinan la percepción de la belleza del lugar, acaso porque subyace una
cierta consciencia de ser y estar en el mundo, en mucho mundo, que
selectivamente decide qué es realmente extraordinario y qué no lo es.

Aunque no con el
convencimiento de todos los miembros, optamos por descender a pie por el
camino del este para degustar el paisaje despacio, sin prever las
consecuencias para nuestros músculos de bajar siete kilómetros de
escalones.
A mitad del recorrido, una
fuerte lluvia sorprende a todos los caminantes (aún recuerdo la imagen de
algunas niñas de apenas cuatro o cinco años subiendo escaleras), lo que nos obliga a
guarecernos en un puesto de venta de bebidas y recuerdos y a adquirir dos
chubasqueros de plástico para Arnau y para mi.
 
 
La lluvia remite
parcialmente, lo suficiente como para continuar nuestro camino a través de
la larga escalinata, pero ahora es más hermoso si cabe, porque el agua se ha
concentrado en las torrenteras y se empuja con fuerza, con agresividad,
como para alcanzar más pronto su destino.
Al finalizar nuestro
trayecto, calculamos que más de la mitad del recorrido son escalones, que
hay un mínimo de cuatro por cada metro lineal, y, por tanto, dos mil
escalones por kilómetro y catorce mil en total. Como no queremos
parecer exagerados, vamos a dejarlo en diez mil escalones... que nos pasarán factura en modo de
agujetas en los próximos días.
El taxi nos deja en el
restaurante de Mr. Cheng, no sin que antes hayamos realizado un tanteo del precio del
trayecto entre Huang Shan y Changhai: entre 150 y 180 euros.
Mr. Cheng está
acostumbrado al trato con turistas e incluso con viajeros. Arnau
constata que el "menú inglés" que ofrece no es sino el menú de comida
china traducido a esa lengua. La comida es excelente, una de las
mejores que hemos probado, y el restaurante tiene una particularidad que
le hace distinto al resto: el personal de servicio es la propia esposa de
Mr. Cheng, y, aunque apenas habla inglés, ¡conoce y entiende nuestros
gestos!, y esto podemos aseguraros que no resulta habitual, para
desesperación de los viajeros.
Mr. Cheng nos aconseja
viajar en autocar a Shanghai, normalmente con dos salidas desde Huang Shan
(aunque hay que asegurarse con antelación, como siempre recomendamos): a
las 14:00 y a las 17:00. Este último es un microbús que pasa por
otras poblaciones y que sirve de lanzadera para un autocar de mayor
tamaño, que es el que viaja a Shanghai.
A las 18:00, estamos ya
en ese autocar, que cruzará una cadena de montañas antes de conectar con
la autopista. Es el tramo del trayecto más lento, pero el paisaje
nos sorprende una vez más con su gama de verdes imposibles.
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